Taller
de perdón
El siguiente
material puede ser utilizado en un momento u oración de
perdón, o para elaborar un taller sobre el mismo, se
puede adaptar tanto a jóvenes como adultos.
Pocas
veces somos ofendidos; muchas veces nos sentimos
ofendidos.
Perdonar es abandonar o eliminar un sentimiento adverso
contra el hermano.
¿Quién sufre: el que odia o el que es odiado? El que es
odiado vive feliz, generalmente en su mundo. El que
cultiva el rencor se parece a aquél que agarra una braza
ardiente o al que atiza una llama. Pareciera que la
llama. Pareciera que la llama quemara al enemigo; pero
no se quema uno mismo. El resentimiento sólo destruye al
resentido.
El amor propio es ciego y suicida: prefiere la
satisfacción de la venganza que el alivio del perdón.
Pero es locura odiar: es como almacenar veneno en las
entrañas. El rencoroso vive una eterna agonía.
No hay en el mundo fruta más sabrosa que la sensación de
descanso y alivio que se siente al perdonar; así como
hay fatiga más desagradable que la que produce el
rencor. Vale la pena perdonar, auque sea solo por
interés, porque no hay terapia más liberadora que el
perdón.
No es necesario pedir perdón o perdonar con palabras.
Muchas veces basta un saludo, una mirada benevolente,
una aproximación, una conversación. Son los mejores
signos de perdón.
A veces esto sucede esto: la gente perdona y siente el
perdón; pero después de un tiempo, renace la aversión.
No asustarse. Una profunda necesita muchas curaciones.
Vuelve a perdonar una y otra vez hasta que la herida
quede curada por completo.
Ejercicios de perdón
1.-
Ponte en el espíritu de Jesús, en la fe. Asume sus
sentimientos. Enfrenta (mentalmente) al “enemigo”
mirándolo con los ojos de Jesús, sintiéndolo con los
sentimientos de Jesús, abrazándolo con los brazos de
Jesús como si “fueras” Jesús.
Concentrado, en plena intimidad con el Señor Jesús
(colocando el “enemigo” en el rincón de la memoria), di
al Señor: “Jesús, entra dentro de mí. Toma posesión de
mi ser. Calma mis hostilidades. Dame tu corazón pobre y
humilde. Quiero sentir por ese “enemigo” lo que Tú
sientes por él; lo que tu sentías al morir por él.
Puestos en alta fusión tus sentimientos con los míos, yo
perdono (juntamente contigo), yo amo, yo abrazo a esa
persona. Ella-Tú-Yo, una misma cosa. Yo-Tú-ella, una
misma unidad”.
Repetir estas o semejantes palabras durante treinta
minutos.
2.-
Si comprendiéramos, no haría falta perdonar. Trae a la
memoria al “enemigo” y aplícale las siguientes
reflexiones:
Fuera de casos excepcionales, nadie actúa con mala
intención. ¿No estarás tú atribuyendo a esa persona
intenciones perversas que ella nunca las tuvo? Al final,
¿quién es el equivocado? Si él te hace sufrir, ¿ya
pensaste cómo tú le harás sufrir a él?¿Quién sabe si no
dijo lo que te dijeron que dijo?¿Quién sabe si lo dijo
en otro tono o en otro contexto?
El parece orgulloso; no es orgulloso, es timidez. Parece
un tipo obstinado; no es obstinación, es un mecanismo de
autoafirmación. Su conducta parece agresiva contigo; no
es agresividad, es autodefensa, un modo de darse
seguridad, no te está atacando, se está defendiendo. Y
tú estás suponiendo perversidades en su corazón. ¿Quién
es el injusto y el equivocado?
Ciertamente. Él es difícil para ti, más difícil es para
sí mismo. Con su modo de ser sufres tú, es verdad; más
sufre él mismo. Si hay alguien interesado en este mundo
en no ser así, no eres tú; es él mismo. Le gustaría
agradar a todos; no puede. Le gustaría vivir en paz con
todos; no puede. Le gustaría ser encantador; o puede. Si
él hubiera escogido su modo de ser, sería la criatura
más agradable del mundo. ¿Qué sentido tiene irritarse
contra un modo de ser que él no escogió? ¿Tendrá él
tanta culpa como tú presupones? En fin de cuentas, ¿no
serás tú, con tus suposiciones y repulsas, más injusto
que él?
Si supiéramos comprender, no haría falta perdonar.
3.-
Se trata de un acto de dominio mental por el que
desligamos la atención de la persona enemistada.
Consiste, pues, en interrumpir ese vínculo de atención
)por el que tu mente estaba ligada a esa persona) y
quedarte tú desvinculado de él, y en paz.
No consiste, pues, en expulsar violentamente de la mente
a esa persona, porque en ese caso se fijará más. Se
trata de suspender por un momento la actividad mental,
de hacer un vacío mental, y el “enemigo” desaparece.
Volverá de nuevo. Suspende otra vez la actividad mental
o desvía la atención hacia otra cosa.
Hay unos cuantos verbos populares que significan este
perdón: desligar:
se liga, se desliga la atención.
Desprender,
se prende, se desprende.
Soltar:
se te agarra (el recuerdo), suéltalo.
Dejar. Olvidar.
Como se ve, no es un perdón propiamente tal, pero tiene
sus efectos. Puede ser el primer paso, sobre todo cuando
la herida es reciente.
Tomado del libro Encuentro,
manual de oración,
Ignacio Larrañaga, Pág. 140-143